domingo, 16 de febrero de 2014

Décalogo de los niños con necesidades educativas especiales.

El término Necesidades Educativas Especiales, NEE de ahora en adelante, fue acuñado en el informe Warnock en el año 1978, como necesidades en el alumnado diferentes de la educación especial.

En la LOE 2/2006 aparecen limitadas al alumnado definido como "necesidades educativas especiales, con dificultades específicas de aprendizaje, por sus altas capacidades intelectuales, por haberse incorporado tarde al sistema educativo, o por condiciones personales o de historia escolar..." (artículo 71.2)

Así mismo en el artículo 73 recoge que el alumnado con necesidades educativas especiales es "aquel que requiera, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, determinados apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta"

Se trata de adaptar el currículo y los materiales a las necesidades de los alumnos.

La asociación Espiral nos acercan este decálogo que todos los maestros debemos tener muy presente.

Decálogo de los niños con NEE


1. Los niños y niñas con necesidades educativas especiales, a causa de alguna discapacidad, necesitamos el afecto y la confianza de maestros y educadores para poder avanzar, como todos los niños.

2. Somos, por encima de todo, niños y niñas y tenemos por tanto derecho a la educación, sin ningún tipo de discriminación o segregación por motivo de nuestra discapacidad.

3. También tenemos capacidades y podemos avanzar y aprender en función de nuestras capacidades y de los estímulos que recibimos, como todos los niños.

4. Podemos tener una afectación tan grave que nos impida responder a la mayoría de actividades escolares. Pero tenemos derecho, necesitamos, las palabras, el contacto, el afecto, los estímulos de los educadores, de los niños y niñas que se nos pueden acercar porque no tienen ninguna discapacidad que se lo impida.

5. Como todos los niños somos valiosos por ser nosotros mismos y por todo aquello que ofrecemos a las personas que nos rodean, independientemente de lo que podamos o no podamos hacer. 




6. Tenemos derecho a disponer de aquellos recursos, materiales, técnicos y profesionales, que nos ayuden a superar, en la medida de lo posible, nuestras dificultades y posibiliten que podamos ir a la escuela con los niños y niñas del barrio, de nuestro pueblo, de nuestra ciudad.

7. Tenemos derecho a una escuela de calidad para todos, sin ser discriminados o segregados. Y para ello es necesario que los recursos, materiales y profesionales, de las escuelas llamadas de educación especial vayan a aquellas escuelas ordinarias que escolarizan a alumnos con necesidades especiales. El trabajo de calidad que se realiza en las escuelas especiales se puede hacer en la escuela ordinaria, con una redistribución de los recursos, materiales, técnicos y profesionales, y con una buena formación y asesoramiento del profesorado de los centros ordinarios.

8. Tenemos derecho a que los educadores valoren nuestros progresos individuales, a que nuestra distancia con el currículo escolar establecido, que puede ser muy grande, no les impida ver y valorar nuestros propios progresos y confiar, por tanto, en nuestras posibilidades de aprendizaje.

9. Necesitamos, a menudo, una adaptación curricular personalizada y una organización escolar flexible, de manera que los objetivos educativos y de aprendizaje y la metodología y modelos de intervención educativa se adecuen a nuestras capacidades y necesidades.

10. Tenemos derecho a una escuela en la que toda la comunidad educativa, padres, maestros, alumnos, monitores..., cuenten con los recursos, la formación y la sensibilidad necesaria para poder y saber acoger y atender a todos los alumnos, sin ningún prejuicio ni discriminación para nadie. Porque todos tenemos derecho a sentirnos incluidos. Porque todos los niños tenemos derecho a sentir y vivir la oportunidad, la riqueza, de incluir y valorar al otro.


No lo olvidemos


martes, 11 de febrero de 2014

A mis queridos hiperactivos:

Queridos hiperactivos:

Este post es para vosotros, sí, vosotros, ese alto porcentaje de niños que hoy sois calificados bajo el título de alumnos que padecen " Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad"(TDAH). Esos alumnos que no podéis mantener la atención durante más de veinte minutos seguidos porque hay algo que despierta vuestras inquietudes; esos que os levantáis para comprobar que el compañero de al lado ha comprendido bien la tarea que acaba de mandar "la profe"; también va para vosotros, esos que tenéis la necesidad imperiosa de verbalizar todo aquello que pasa por vuestra mente...independientemente de estar en mitad de una explicación del temario o de un examen.

El otro día una de mis alumnas de 7 años, a la que llamaremos Irene, me decía..."Profe, es que me gusta hablar". Irene es una niña que se levanta a menudo de su sitio, no se pasea por la clase, pero sí suele estar mal sentada; cambia de posición con frecuencia, comenta con sus compañeros todo lo que hace, le gusta retar al profesorado, tiene carácter y bastante determinación en lo que a sus decisiones se refiere. Irene es una niña cualquiera, de una clase cualquiera, de un colegio cualquiera en cualquier parte de este país.

Irene normalmente interrumpe el ritmo normal de las clases, hay que llamarla la atención, y eso ha llevado a sus profesores a hablar con sus tutores/padres para que tengan constancia de que es posible que el comportamiento de la pequeña no se deba únicamente a que es una niña "movida" si no a la existencia de un trastorno psicológico.

Pfff, que duro..."Es cierto que no para en todo el día pero..."(pensamiento que asoma en la mente los padres de Irene), "Es posible que sea un TDAH, un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, ¿sabes de lo que te hablo? es que es muy común hoy en día..."

Y hasta ahí voy a dejar continuar los pensamientos...hemos llegado al punto clave..."es muy común hoy en día".

Para el que lo desconozca este trastorno es un trastorno neurobiológico de carácter crónico, sintomáticamente evolutivo y de probable transmisión genética que afecta entre un 5 y un 10% de la población infantil, llegando incluso a mantenerse en la edad adulta en el 60% de los casos.

Está caracterizado por una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas, y aparece unido a la falta de control de impulsos. La sintomatología puede manifestarse de forma diferente según la edad del niño y se debe desarrollar en dos ó más ambientes como en casa y en el colegio. Se da con mayor frecuencia entre los niños que entre las niñas en una proporción 4:1.

La opinión actual sobre la etiología del trastorno se centra en un fallo en el desarrollo de los circuitos cerebrales en que se apoyan la inhibición y el autocontrol.

Podría detallar aquí los criterios diagnósticos de este trastorno, pero no lo creo necesario, puesto que para poder diagnosticar con precisión hace falta acudir a un buen profesional que nos oriente sobre cuáles son las mejores pautas para seguir con nuestros hijos. No obstante, aparecen recogidos en el DSM-IV con detalle.

Partiendo de la base de los porcentajes arrojados por estudios científicos; si este trastorno afecta entre un 5 y un 10% de la población infantil, ¿ cómo es posible que en 4 aulas de primer curso de Primaria, con 26-28 alumnos, haya 4 niñ@s diagnosticados en cada una de ellas? Pues esto ocurre en una clase cualquiera, de un colegio cualquiera en cualquier parte de este país.

Y volviendo al pensamiento de los padres, no es que a día de hoy sea común, es que lo hemos vuelto común, con nuestro afán de justificar todo aquello que se sale de la norma.

Por supuesto que hay niños que padecen este trastorno, y que lamentablemente, tienen que empezar a medicarse desde muy pequeños, porque realmente, esa medicación les va a ayudar a llevar una vida más adaptada a su entorno y les va a ofrecer la activación cerebral necesaria para inhibir determinadas conductas; pero creerme no son tantos como la realidad refleja en los centros escolares.

Este post no va encaminado a valorar si los niños que son diagnosticados con TDAH están correctamente diagnosticados, ya que no soy quién para juzgar; si no para analizar qué ocurre desde el momento en el que la familia recibe esta información. Lo que más me interesa en este punto es lo que pasa cuando los profes se enteran de que en su aula hay varios niños con este trastorno.

Creo que  en múltiples ocasiones el desconocimiento de lo que realmente supone este trastorno y de las posibilidades de afrontamiento del mismo, nos hace reaccionar erroneamente en el aula. Ay mis queridos hiperactivos... qué será de vosotros?

Queridos padres y compañeros, no dejan de ser niños, niños con unas necesidades educativas especiales...y ¿ésto que significa?, ¿que se les debe permitir más? ¿ que hay que llamarles continuamente la atención? ¿que hay que censurarles continuamente por sus conductas porque no nos dejan dar la clase con normalidad?...

Tantas y tantas preguntas...No, lo único que hay que hacer es entender el aula como un conjunto de personas absolutamente diferentes. Al final es sólo eso, y lo que a un alumno le favorece notablemente, no tiene porque servirle al de al lado; y la explicación que ha hecho que veintidos de veinticuatro alumnos comprendan la lección, no sirve para esos dos, que en ningún caso deben irse sin haberla comprendido. Busquemos la manera de que esos dos niños también salgan por la puerta habiendo entendido lo que pretendíamos enseñar. Busquemos la manera de que al final del día todos nuestros alumnos se sientan capaces de comprender, sientan que han llegado a la meta de esa jornada, sientan que ellos también valen. Porque todos ellos valen.

Esto supone mucho trabajo, mucha paciencia y sobretodo mucho cariño y respeto por esta profesión.

Esta semana ha llegado a mis manos este curso que yo ya he comenzado a hacer, y al que dedicaré un post cuando haya asimilado bien todos sus conocimientos, de la mano de uno de los mayores especialistas del mundo en TDAH, el Dr. Russell A. Barkley.  Esta web nos facilita una serie de vídeos en los que se abordan este trastorno desde su definición y etiología, hasta su tratamiento en familia y escuela. Así mismo ofrece unos videos tutoriales para los padres, en los que se facilitan una serie de pautas y consejos para trabajar con nuestros niños en casa.

Me parece una información muy completa para nosotros, los profesionales de la enseñanza, para que podamos abordar el tratamiento desde el conocimiento del problema, desde el entendimiento de lo que pasa por las cabezas de nuestros alumnos, y desde la confianza de que estamos poniendo todo de nuestra parte para poder ayudarles.

Al final, para mí, la educación es eso: sentir que les ayudo a crecer día a día.

Por eso ese post es para todos vosotros, mis alumnos actuales y los que estáis por venir, mis pequeños con TDAH diagnosticado, correcta e incorrectamente, para los que os levantáis sin cesar, para los que estar en silencio cinco minutos es una proeza, para los que cantáis dejandos llevar por vuestras emociones, para los que no paráis de mover la mesa con las piernas, para los que habéis llegado a la meta con verdadero esfuerzo, y para aquellos que no creíais que lo lograríais.

Para mí, porque es un orgullo formar parte de vuestra historia, y que vosotros seáis la mía. Porque a diario me enseñáis que la labor de un maestro es aprender cada día de sus alumnos, y me hacéis ver el mundo de vuestra manera. Y porque me hacéis, con vuestra inocencia, mejor persona.

Para todos vosotros, mis queridos hiperactivos, nos vemos el lunes en clase.




sábado, 8 de febrero de 2014

"Un niño" por Helen E. Buckley

Hoy quiero que hagamos una reflexión sobre la influencia que los maestros podemos ejercer sobre nuestros alumnos, a decir verdad, creo que es extensivo a todos los adultos que formamos parte de la vida de los pequeños.

Es un cuento corto, escrito por Helen E. Buckley, famosa escritora de literatura infantil.

"Un niño"


Una vez un niño fue a la escuela. El niño era bien pequeño y la escuela era bien grande. Pero cuando el niño vio que podía caminar hacia su clase desde la puerta de la calle, se sintió feliz y la escuela ya no le pareció tan grande como antes.

Poco tiempo después, una mañana la maestra dijo:

- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- Bien- pensó el niño, porque le gustaba dibujar. Y podía hacer todas esas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos. Así que tomó su caja de lápices de colores y se puso a dibujar.
Pero la maestra dijo:
- ¡Esperen! ¡Todavía no es hora de comenzar!
Y el niño esperó hasta que todos estuvieran listos
- Ahora.- dijo la maestra- Hoy vamos a dibujar flores
- ¡Qué bien! Pensó el niño, porque a él le gustaba dibujar flores. Y comenzó a dibujar flores muy bonitas
con su lápiz rosa, naranja, y azul…
Pero la maestra interrumpió y dijo:
- ¡Esperen! Yo les mostraré cómo hay que hacerlas - ¡Así! -dijo la maestra dibujando una flor roja con el tallo verde. 
- ¡Ahora sí!-Dijo la maestra.- Ahora pueden comenzar.
El niño miró la flor de la maestra, y luego miró la suya; a él le gustaba más su flor que la de la maestra.
pero él no reveló eso. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra: Roja, con el tallo verde.

Otro día cuando el niño abrió la puerta de la clase la maestra dijo:

- ¡Hoy vamos a trabajar con plastilina!
- ¡Bien!- Pensó el niño. Él podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: Víboras y muñecos de nieve, elefantes y conejos; autos y camiones… Y comenzó a apretar y a amasar la bola de plastilina pero la maestra interrumpió y dijo:
- ¡Esperen! No es hora de comenzar.
Y el niño esperó hasta que todos estuvieran listos
- Ahora -dijo la maestra- Vamos a hacer una víbora.
- ¡Bien! – pensó el niño. A él le gustaba hacer víboras y comenzó a hacer algunas de diferentes tamaños y formas.
Pero la maestra interrumpió y dijo:
- ¡Esperen! Yo les enseñaré como hacer una víbora larga. Así… – mostró la maestra.-¡Ahora pueden comenzar!
El niño miró la viborita que había hecho la maestra y después miró las suyas. A él le gustaban más las suyas que las de su maestra, pero él no reveló eso. Simplemente amasó la plastilina, como hacía en su casa
E hizo una viborita como la de la maestra. Era una viborita delgada y larga.

De esta manera el niño aprendió a esperar y a observar y a hacer las cosas siguiendo el método de la maestra.

Tiempo más tarde él ya no hacía las cosas por sí mismo. Entonces sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad y el niño tuvo que ir a otra escuela.

Esta era una escuela mucho más grande que la anterior. También tenía una puerta que daba a la calle
Y un camino para llegar al aula. Esta vez había que subir algunos escalones, y seguir por un pasillo largo
para finalmente llegar a su sitio.

Y sucedió que justamente ese primer día que el niño estaba allí por vez primera la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo
- Bien, pensó el niño
Y esperó a la maestra para que le dijera cómo hacerlo. Pero ella no dijo nada.
Solamente caminaba por el aula.
Cuando se acercó al niño la maestra dijo:
 - ¿Y tú no quieres dibujar?
- Si - dijo el niño, ¿y qué vamos a hacer? Añadió
- No lo sabré hasta que tú lo hagas - contestó la maestra
- ¿Pero cómo hay que hacerlo? Volvió a preguntar el niño
- ¿Cómo? dijo la maestra - De la manera tú que quieras –
- ¿Y de cualquier color? Preguntó el niño
- De cualquier color – dijo la maestra y agregó:
- Si todos hicieran el mismo dibujo usando los mismos colores... ¿Cómo podría yo saber de quién es cada dibujo y cuál sería de quién?
- No sé… – dijo el niño.

Y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.

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Creo que es de la historias que debemos leer antes de entrar en clase, antes de coartar la imaginación de nuestros niños, antes de intentarles hacer creer que el mundo es tal y como lo vemos nosotros...

Quizás un vistazo al mundo que ellos ven, a su mundo interior, nos enseñe a acompañarles paso a paso y no a marcarles el camino.

Buen fin de semana.

jueves, 6 de febrero de 2014

Volver a empezar

Hoy vuelvo, con las pilas cargadas, dispuesta a retomar de nuevo mi carrera, dispuesta a derribar los muros que yo misma levanté, dispuesta a volver a ser yo. Muchas veces en esta vida tomamos decisiones que creemos correctas, pensando que nos abrimos puertas, y de pronto nos encontramos con que aquello que un día pareció ser nuestra mejor opción, resulta que ha frenado en seco nuestras aspiraciones. 

Desde pequeña me enseñaron a que los límites los establecemos nosotros mismos; y es ahora, cuando realmente comprendo el significado de estas palabras. Pienso en escribir a menudo, en hablar de mi pasión, de los niños, de la educación, de cómo guiarles...hoy dejo de pensarlo para volver a hacerlo. 

Y vuelvo con un artículo que me ha hecho llegar mi madre, esa mujer que tanto me ha enseñado en la vida, y que a través de tantas cosas me hace darme cuenta de lo grande que puedo llegar a ser, sin ver que es todo gracias a lo grande que ella me ha hecho. 

"Tu perfecto desorden" viene de la mano de Pedro Simón, redactor de un conocido periódico. Dedicadle un rato, largo, a leer, a interiorizar, a masticar y digerir cada una de sus frases. El poso final es bueno, muy bueno. 

Hoy vuelvo y dejo esto a vuestro alcance. 

Vuelvo y esta vez lo hago para quedarme. 

 3,2, 1... Vuelta a empezar.